Muchas veces nos preocupamos por qué decir en tal o cual situación. Es interesante, pero corremos el riesgo de olvidar escuchar. Qué tarea tan difícil… y parece fácil…
A veces la mejor respuesta, la mejor contención, la mejor compañía, se obtiene de escuchar más que de preguntar.
Ir lento. Hacer pausas. Parar para seguir.
Mirar al otro. Callar. Y captar el momento en el que comenzamos a escuchar. Realizarlo como un acto conciente y deliberado.
Mirarse menos uno mismo.
Buscar el escuchar de cada quien, el escuchar propio. El estilo personal para escuchar.
Escucharnos.
Besos, Ana
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