29.4.10
9.4.10
Vuelta de página
Al día siguiente de mi encuentro con Nazareno, lo veo con ropa abrigada y de su tamaño.
Pienso dos cosas; por un lado, que no sólo existe lo que vemos y por el otro, que tal vez por la ropa que le regalé el padre se percató del clima,
A su salud, Ana
Pienso dos cosas; por un lado, que no sólo existe lo que vemos y por el otro, que tal vez por la ropa que le regalé el padre se percató del clima,
A su salud, Ana
6.4.10
Un cuento de invierno, aunque estemos en otoño
Nazareno se escapó con su papá. Las manos frías, los pies descalzos. Dientes separaditos y unos ojos redondos y marrones, hermosos.
Se acercó y aunque no era la primera vez que hablábamos, me hizo una pregunta ¿Vos venís todos los días acá cierto? Ahora que pienso, fue una pregunta retórica… habrá sido la manera que encontró, a sus cuatro o cinco años, de comenzar una conversación.
Me contó que tiene un perro que se quedó lejos, en su casa. Habla un poco entre cortado y le gusta agarrar la correa del mío. No sé por qué, siempre me la pide y la sostiene.
Le pregunté si tenía frío, me respondió que sí. Le dije que le iba a traer algo para que se abrigue y aceptó.
Nazareno se escapó con su papá. Las manos frías, los pies descalzos. Dientes separaditos y unos ojos redondos y marrones, hermosos.
Fui a mi casa y armé una mudita. Camiseta manga larga, un par de medias, pantalón heapy y una bufanda. Bajé a la plazoleta y él estaba en el bebedero. Me acerqué. Estaba más ansiosa que él.
“no trajiste el perrito” me dijo – “no, pero te traje esta ropa abrigada para vos, andá a ponértela”. Abrió la bolsa. Echó un vistazo adentro. La cerró. Me miró. Profirió un entusiasmado “¡sí!” y se fue corriendo para la zona donde se encontraba su padre con un colchón medio oculto por unos arbustos.
“Nos vinimos a vivir acá, porque allá lejos, mi papá con su manito apuñaló a un pibe”
Se acercó y aunque no era la primera vez que hablábamos, me hizo una pregunta ¿Vos venís todos los días acá cierto? Ahora que pienso, fue una pregunta retórica… habrá sido la manera que encontró, a sus cuatro o cinco años, de comenzar una conversación.
Me contó que tiene un perro que se quedó lejos, en su casa. Habla un poco entre cortado y le gusta agarrar la correa del mío. No sé por qué, siempre me la pide y la sostiene.
Le pregunté si tenía frío, me respondió que sí. Le dije que le iba a traer algo para que se abrigue y aceptó.
Nazareno se escapó con su papá. Las manos frías, los pies descalzos. Dientes separaditos y unos ojos redondos y marrones, hermosos.
Fui a mi casa y armé una mudita. Camiseta manga larga, un par de medias, pantalón heapy y una bufanda. Bajé a la plazoleta y él estaba en el bebedero. Me acerqué. Estaba más ansiosa que él.
“no trajiste el perrito” me dijo – “no, pero te traje esta ropa abrigada para vos, andá a ponértela”. Abrió la bolsa. Echó un vistazo adentro. La cerró. Me miró. Profirió un entusiasmado “¡sí!” y se fue corriendo para la zona donde se encontraba su padre con un colchón medio oculto por unos arbustos.
“Nos vinimos a vivir acá, porque allá lejos, mi papá con su manito apuñaló a un pibe”
5.4.10
2.4.10
... a pulmón
No quiero caer en frases hechas del estilo “lo que te cuesta, vale el doble” o “sin sacrificio no tiene gracia” etc…
Pero que satisfacción otorga conseguir algo deseado y peleado por uno. No sé si vale más, si hay que sacrificarse o si hay que vivir “de arriba”. Lo único que sé, es que abrirse el camino uno mismo y recorrer lo necesario para eso y que eso sea propio, es fantástico!
Con alegría y nuevo trabajo… Ana
Pero que satisfacción otorga conseguir algo deseado y peleado por uno. No sé si vale más, si hay que sacrificarse o si hay que vivir “de arriba”. Lo único que sé, es que abrirse el camino uno mismo y recorrer lo necesario para eso y que eso sea propio, es fantástico!
Con alegría y nuevo trabajo… Ana
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